En la ciudad de la furia.

Maletas areperas rellenas con billetes de divisa imperialista

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Muchas son las cosas que se vienen escuchando sobre el caso de la valija de los 800.000 dólares, que aparentemente no solo involucra al ciudadano estadounidense Guido Antonini Wilson y a personajes nefastos de la administración pública nacional como Claudio Uberti y su señora amante, sino además a la flamante presidenta de todos los argentinos y al intento de déspota caribeño que fuera una vez invitado a cerrar la boca por un monarca borbón.

Más allá del problema de base, que es de dónde venía esa plata y adónde y a quién iba, surge de todo esto un inconveniente con respecto a la posición que la Argentina de CFK desea tomar en el mundo. Durante la campaña electoral, en la que la señora permaneció prácticamente callada en casa y habló muy poco allende nuestras fronteras, muchos seudo especialistas entrevieron un posible giro en la política internacional del actual nuevo gobierno. Descuidada por Néstor, que tenía mejores cosas de las que ocuparse, la situación a nivel mundial del país, se creía, sería un tema central del gobierno de Cristina. Además de volver a posicionar a la Argentina en el mapa político mundial, consideraban estos señores llenos de diplomas y honores que CFK iba a dejar de prestarle tanta atención a Venezuela y mejoraría las relaciones con los países “importantes”, a saber Estados Unidos y Europa, encontrando asimismo una solución al fratricida y celulósico conflicto con la República Oriental.

Aunque divisar las políticas a tomar en cuatro años de gobierno en lo hecho en apenas una semana de gestión no es solo injusto para con la nueva administración sino estúpido a nivel intelectual, la presidenta ha demostrado que toma muchos ejemplos de su antecesor y compañero de habitación. Uno de los axiomas parecería ser, para ponerlo en palabras de un ex profesor mío en la facultad, que “en los malos momentos se conoce a los verdaderos amigos.” Por los motivos u oportunismos que fueran y que todos sabemos que existieron, cuando la Argentina precisaba ayuda, en una época para nada lejana, el único país del mundo que le tendió una mano fue Venezuela. Ocupado con sus suicidas invasiones en Irak y Afganistán y con combatir a un enemigo, Osama, cuya existencia física es incierta, Estados Unidos se hizo el ofendido con nuestro país porque aquí no se logró instaurar como corresponde el modelo neoliberal aconsejado por sus cuadros burocráticos. Europa, por su parte, prefirió escudarse detrás de la supuesta falta de respeto que significó cesar los pagos de los intereses de la deuda externa ante un escenario de cabotaje donde el Estado nacional y las provincias no podían hacer frente ni al pago de aguinaldos de fin de año. Sin dudas la Argentina podría haber manejado muchísimo mejor la situación. Uruguay, quizás porque es más pequeño, logró hacerlo y salir adelante. Y eso que, como decía un ex ministro de Economía brasileño, “cuando a la Argentina y a Brasil les da un resfrío, a Uruguay le agarra pulmonía.” Pero es ilógico culpar únicamente a Buenos Aires por lo que pasó. La intentona de aplicar modelos neoliberales en América Latina fue un absoluto fracaso. Chile, el país modelo del modelo, en el ránking de peor distribución de la riqueza pelea los primeros puestos con naciones tan respetables como Togo y Benín. No soy antiestadounidense ni nada por el estilo, pero si USA quiere que nuestra región sea su backyard y busca que nos portemos bien y que hagamos lo que ellos dicen, no debería poder borrarse a la primera de cambio, cuando todo sale mal. O si decide tomárselas, debe saber que luego carecerá de cualquier tipo de autoridad para exigir explicaciones.

CFK y el ex presidente no olvidan la actitud del camarada bolivariano de ayudarlos a volver a hacer funcionar el país en épocas de vacas raquíticas. Quizás sea por eso que, aunque la presidenta no simpatiza con Caracas tanto como su esposo, salió a la defensiva en el caso de las valijas areperas. Bien podría haber dicho CFK que agradecía la investigación del FBI y que esperaba mayores informaciones para decidir qué hacer con Antonini Wilson. Sin embargo prefirió atacar al país del norte y catalogar la investigación de “basura.” Imagino las caras de todos los seudo especialistas que pronosticaron un acercamiento con Washington al escuchar esas palabras. Debe haber sido similar a la que pusieron cuando la presidenta increpó, en su discurso inaugural, al finlandés Tabaré Vázquez, cuando ellos habían jurado que los cortes, con CFK, iban a ser historia.

Manotazos de ahogado son los que está dando Estados Unidos en la región. Acostumbrados a tener gobiernos ideológica y económicamente afines del Río Grande hacia abajo y ocupados intentando evitar un desmadre aún mayor en los jardines colgantes del Tigris y el Éufrates, en Washington parecerían no lograr entender qué pasó que en América Latina, en su backyard, ya no los quieren. ¿Cómo un país como Bolivia, que tuvo a presidentes responsables como Hugo Bánzer y el Goni Sánchez de Losada, ahora eligió a un indio cocalero? ¿Cómo en Venezuela apareció este tirano amigote de Fidel que amenaza con dejar de vendernos su droga negra? Si en la Argentina estaba Carlos Saúl y todo andaba bárbaro, ¿cómo pudieron elegir a este tuerto comunacho y ahora a su botoxeada esposa? Ni hablar de este personaje Correa, en Ecuador, que estudió en nuestras mejores universidades y ahora se autoproclama “el Chicago Boy de la izquierda.” Nuestros hermanos mayores del norte parecen estar totalmente perdidos ante el nuevo escenario regional. La única forma de que Estados Unidos vuelva a tener gravitación en la región es a través de una suerte de Plan Marshall II para el desarrollo económico y social de nuestros países. Pero mientras no estén dispuestos a hacer eso y Chávez tenga dinero suficiente como para inmiscuirse en los asuntos de todas las demás naciones, el statu quo actual habrá de mantenerse.

Si la Argentina quiere reinsertarse en el mapa mundial, del que desapareció hace seis años, la actual administración tendrá que ver qué relaciones prioriza. Por nuestro tamaño, ubicación y peso económico y demográfico jamás podremos jugar en las ligas mayores de la política internacional. Ya fueron los discursos en los que nos veíamos como la punta austral de la civilización europa y en los que sosteníamos que “estamos con Occidente porque somos Occidente.” Apenas alcanzamos los cuarenta millones de habitantes, tenemos un PBI respetable pero tampoco para tirar manteca al techo, el resto de la Tierra no es que no nos quiere sino que no nos entiende y estamos ubicados en uno de los extremos más remotos de la geografía planetaria. La Argentina del siglo XXI tendrá que aliarse con alguna potencia más importante. La opción clásica es Estados Unidos. China se está convirtiendo en un aliado económico importante, pero el dragón recién está despertando y en su política internacional no se mete con nadie, porque está ocupado manteniendo su crecimiento económico. Europa está en coma profundo, muy ocupada manteniendo su paraíso fronteras adentro y evitando que se lo roben los inmigrantes ilegales que, en Abidjan y en Dakar, ven por televisión cómo se vive en París y lógicamente quieren lo mismo para sus hijos. En lo personal me gustaría ser el Canadá de Brasil, el hermano tranquilo y pequeño, pero con relativo peso entre sus iguales, de un país importante. Finalmente, está Venezuela. Pero Venezuela trata a sus aliados como lacayos, como queda demostrado con los gobiernos títere de Caracas en La Paz y en Managua. Correa mantiene, por ahora, su independencia vis-à-vis Chávez. No nos merecemos ser los lacayos, los lameculos de nadie. Ya lo hemos sido durante la década del ’90 y quedó demostrado que no funciona.

Es hora de que la Argentina vuelva al mundo. No con la intención de llevárselo por delante, sino como un miembro más de la aldea global que, sin pelearse, busca lo mejor para sí mismo y para su región. Brasil es un país que ha demostrado ser responsable y serio. Tiene un gran peso económico, político y demográfico a nivel planetario y es nuestro principal vecino y socio comercial. Si a Brasil le va mal, a nosotros nos va mal. Y viceversa. No propongo que nos bajemos los pantalones en Brasilia y digamos que sí a todo, pero me gustaría que podamos discutir como dos países soberanos y aliados que buscan un objetivo común. La Argentina por sí sola no es nada. El mundo puede vivir sin nosotros. Venezuela es un país amigo pero nos merecemos más. Estados Unidos no es un país amigo pero lo precisamos para subsistir. Europa es la abuela del grupo: ya está vieja y no entiende bien qué pasa. Demostrémosle al mundo que la Argentina está de regreso, que aprendió de sus errores y que busca posicionarse como una de las potencias regionales. En los asuntos planetarios colaboremos bajo la cobija de Brasil, que tiene más autoridad que nosotros para hablar del tema. Por ahora, dediquémonos a mirar el barrio, donde nos necesitan, nos respetan y podemos hacer mucho.

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Written by Marcos

December 16, 2007 at 5:11 am

Posted in Reflexiones

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